domingo, 20 de octubre de 2013

TURBO


Dreamworks quiere sorprendernos con una aventura a lo "Cars" o más actual "Aviones". Y es que las películas de dibujos animados, claramente enfocadas a un público infantil se hacen para todos los públicos cuando ponen de moda un deporte tan familiar como las carreras. El equívoco está servido: un caracol veloz.



Dreamworks está acostumbrado a competir con un gigante de la animación como es Disney-Pixar. Y diríamos que les están comiendo terreno a pasos agigantados. 27 películas llevan estrenadas en los últimos años y tienen 10 nuevos proyectos que van a venir. Quizá el gran acierto de películas como ésta es enfocarla a todos los públicos. El debutante David Soren dirige la película desde el tópico más absoluto, que crea desde el inicio: ¿por qué un caracol, una de las especies más lentas del planeta, no puede competir en el circuito de las 500 millas de Indianápolis?

Veamos y analicemos punto por punto lo más destacable de la película:

  • FÁBULA. Como toda buena película de dibujos animados, tenemos una moraleja que encuadra la película. La moraleja de esta película es por qué no podemos conseguir nuestros sueños si, aparentemente, somos pequeños e insignificantes. Félix María de Samaniego, ya extrayéndola del griego Esopo, habla sobre la tortuga y la liebre, que compiten en una carrera y que "Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos". Que una película de dibujos explore la amistad para conseguir los objetivos es otro tópico que aparece en esta película. Sin unos amigos que te apoyen y te alienten tampoco conseguirás lo que te propones.
  • TEMA DE LAS CARRERAS. Esta película está salpicada de tópicos. Muchos la considerarán original, yo la considero muy recurrente. Ya desde Cars, o la posterior secuela de aviones, exploran el tema de las carreras. Es obvio que, en este caso, lo más vibrante de la película es el final. El inicio y el nudo son flojos de guión y de escenas algo aburridas para ser una película de dibujos animados. El mundo del caracol ya es de por sí anodino para que salpique más de la mitad de la película contándonoslo. A partir de cierto momento, la película se hace vibrante y divertida, y quizá eso la salva de la quema.
  • PUBLICIDAD. Esta película suena a mercadeo global. Y me refiero con esa palabra, porque huele a marketing por todos los flancos. No me extrañaría nada ver a todos los personajes de la película hechos figuritas de cadenas como Mc Donals o Burguer King, y tampoco me extrañaría que viéramos mochilas, camisetas, bufandas y demás objetos que por el hecho de tener la publicidad oficial de la película, cuesten una pasta. Es de esas películas que se hacen para pasar el rato, y hacer caja con elementos publicitarios de fuera.
  • GUIÓN. Si en algo no destaca la película es el guión. Me parece flojo y que hace aguas por muchos lugares. Es increíble que un caracol caiga en un motor a propulsión en una carrera ilegal y que al contacto con la gasolina o vete tú a saber qué elementos del motor, se convierta en un coche de carreras. Tampoco entiendo el guión de los gasterópodos: me parece frío y lineal. A partir de la asunción de la carrera de las 500 millas de Indianápolis, comienza a hacerse interesante la película, por los gráficos, por el desarrollo a toda velocidad de la carrera y por el interés que puede suscitar. Si algo salvo del guión, es el paralelismo que se establece entre los dos hermanos vendedores de tacos mexicanos (una suerte de desheredados) y los dos caracoles. Quizá es lo más conseguido del guión, aunque también manido.
  • SENSACIÓN DE DEJA-VU. Cuando ves esta película, vienen a tu mente recuerdos de otras películas más antiguas. El propio director, David Soren, habla de la película "El relevo" de Peter Yates, en la que varios niños supeditan su éxito y felicidad a una carrera de bicicletas. Pero ahí no acaba el asunto; podemos ver intencionadas referencias a películas como la saga "The fast and the furious" (Rob Cohen, 2001) o la saga de "Rocky" (John G. Avildsen, 1976) o "Karate Kid" (John G. Avildsen, 1984). Son películas que nos recuerdan en parte a esta aventura de gasterópodos corredores.
  • DOBLADORES DE LUJO. Como en muchas películas de animación, se utilizan actores que mueven masas en Hollywood. Samuel L. Jackson o Ryan Reynolds son dos de los componentes de un elenco de actores dobladores que en la versión inglesa darán cohesión al conjunto.
Película de animación para todos los públicos, con gancho infantil, que nos hará pasar un buen rato. Temas recurrentes, buenos dobladores y una animación vibrante exploran el mundo de la velocidad desde la óptica y el equívoco de un caracol hecho corredor de carreras. Además, detalles como la asunción de los móviles y tecnologías varias para darle a este molusco una suerte de idealización global nos hacen encuadrar la película en el mundo y en la vida que estamos viviendo. ¿No resulta curioso que el ganador de las carreras, contra quien compite Turbo, se parezca un poquito a nuestro Fernando Alonso?

Por tanto, lo mejor de la película está en la animación: no sólo no es correcta sino que sobresale de otras películas del género. Lo peor de la película el guión, me parece infantil y poco inteligente. La idea del guión se salva porque, si bien hay demasiados temas recurrentes, con gran maestría lo cocinan para nosotros: un caracol corredor, gran equívoco de la película, nos personifica un mundo real, con la metáfora de que conseguiremos nuestros sueños si los deseamos con gran intensidad.






jueves, 17 de octubre de 2013

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

De todas las películas de Álex de la Iglesia, esto supone una ruptura con el academicismo anterior y la vuelta a los orígenes. Gamberrismo, originalidad y un cierto toque surrealista hacen de "Las brujas de Zugarramurdi" un interesante estreno de este año 2013, y una vuelta a la pantalla grande de una de las más interesantes actrices españolas, Carmen Maura. 


Desde "Acción Mutante" (1993), pasando por "El Día de la Bestia" (1995) y finalizando por "La Comunidad" (1998), "Las Brujas de Zugarramurdi" (2013), dirigidas todas ellas por Álex de la Iglesia supone una vuelta a los orígenes. Ese sello personal inserto en todas sus obras entronca con ese cine de serie B de sus inicios, con cierto toque magnético y gran anclaje en unos diálogos y situaciones imposibles.


  • ORIGINALIDAD: Desde el inicio disparatado en la Puerta del Sol, con dos de los actores que han despertado las furias quinceañeras (Mario Casas y Hugo Silva) disfrazados de hombres pedigüeños disfrazados de Jesucristo y de soldado, con una original contraposición de religión y guerra, haciendo clara alusión a un fanatismo "sui generis"; hasta por el inicio desternillante con Terele Pávez y Carmen Maura alrededor del caldero, no explicándose en sus vaticinios el significado de la esponja, que luego veremos caracterizado como "Bob Esponja". Esta película está cuajada de interesantes gags y situaciones imposibles, salpimentadas por una originalidad que ayuda a anclar la película en todos sus extremos y llevan al disfrute personal. Los 30 primeros minutos de la película me parecen de los más originales del cine español, y deben ocupar por derecho un buen lugar pasados unos años.

  • INCERTIDUMBRE: Pocas veces en una película no sabes cómo va a terminar. En unos diálogos y escenas bien construidos, se nos relata un cuento en el que por arte de birlibirloque ocurre lo que no esperas que ocurra y da un giro hacia detrás y hacia delante hallándonos en la magia del cine. Ese gusto por la incertidumbre y la sorpresa es un recurso bien utilizado por este director en otros filmes suyos. De ahí que uno de los rasgos que pueden hacer perpetuar su cine y su vuelta a los orígenes tenga en este efecto sorpresa su máxima expresión. Quizá es hora de preguntarse si ese giro de tuerca no estará emparentado con la utilización de un soberbio Santiago Segura en papel femenino, haciendo un guiño a "El Día de la Bestia". Echo de menos un papel religioso, un cura, para terminar de rematar la faena.
  • EXCESO: Quizá es algo que no ayuda a la película. Esa sensación de horror vacui sumada a los excesos de postproducción, a ese gusto por alambicar la película empalaga. La asunción lineal no va con Álex de la Iglesia: pero ese gusto por el exceso, que quizá podamos unir a la incertidumbre no facilita el visionado. Los más neófitos en el cine verán en este exceso un gusto por la superproducción que termina de rematar la buenísima idea de guión.
  • HUMOR NEGRO: Esos giros imposibles, esos diálogos despotricantes al más puro estilo Mihura tienen un componente existencial recalcitrante. Unir a Mihura y a Sartre en diálogos cargados de malicia, de "mala leche" ayudan a sobrellevar la vida de mejor forma. Ese mecanismo de proyección tiene su exponente más claro en esa disparatada cena de brujas en la que se ve excesos de todo tipo, desde el canibalismo, hasta la absurdez más extrema. Ese gusto por la coprofagia raya el absurdo más extremo. También diálogos sinsentido, como los realizados magistralmente en el coche o ladinos intentos de meterse al espectador en el bolsillo con giros imposibles al diálogo hacen de esta película una de los exponentes más claros de absurdez y genialidad: todo en su justa medida.

  • ACTORES: Si en algo podemos destacar las películas de Álex de la Iglesia es lo bien rodeado que está en todas ellas. La inconmesurable Terele Pávez, los más que correctos Mario Casas en su papel de cani y Hugo Silva, la muy notable Carmen Maura, los entrañables Santiago Segura y Carlos Areces, etc... Uno de los rasgos de las películas de este director español son las actuaciones corales. Ninguno sobresale, sí todos. Las deficiencias de uno las solventa el otro. Sales del cine teniendo la sensación que el grupo de actores ha hecho bien su trabajo. Y en películas como "La Comunidad" (1998) ya vemos este efecto, muy bien logrado en esta película.

  • ¿EPÍLOGO TRANSGRESOR? Toda película que se precie debe llevar unos cánones clásicos: el plantemiento, el nudo y el desenlace. En este caso, los tres puntos están muy bien logrados. Sobran los dos últimos minutos de rodaje. En un primer momento piensas que deja el final abierto para una segunda parte, pero por otro lado, el clímax no lo consigue; no resulta ilusionante ver una función de colegio, como un metateatro dentro del cine que nos intenta terminar de brindar una especie de vodevil. Según mi opinión, el epílogo rompe la estructura narrativa: las malas deberían perecer y los buenos triunfar, y al final resulta que los buenos y los malos comparten representación de magia en un colegio. 

En general, es de esas películas que uno puede ver sin cansarse. Acción, humor negro, incertidumbre, transgresión y genialidad se reúnen en esta película, uno de los mejores estrenos de 2013. El tiempo dirá si nuestro director sigue explotando esta interesante vuelta a los orígenes o si, cual estilo artístico se trate, vuelve al academicismo imperante en sus anteriores películas.


Quedémonos con ese rincón mágico con resonancias esotéricas que son Las Cuevas de Zugarramurdi y disfrutemos de esta película sin más pretensiones.