domingo, 13 de noviembre de 2016

EL DISPUTADO VOTO DEL SEÑOR CAYO

Miguel Delibes fue uno de los mejores novelistas españoles del siglo XX. Y por méritos propios, con obras como ésta, aún hoy sigue siendo uno de los dramaturgos españoles más admirado. Antonio Giménez-Rico recoge el testigo como buen burgalés y ha ejecutado con sabia y cercana intención las obras de Delibes.

Durante las elecciones de 1977, las primeras democráticas en la España posterior a la muerte de Franco, un candidato del PSOE viaja junto a dos jóvenes militantes hasta unos pequeños pueblos del norte de la provincia de Burgos, donde conocen al alcalde de una villa de tres habitantes, el señor Cayo.

Se trata de una de las historias del Delibes más nacional. Si por algo podemos destacar la prosa de este gran novelista es por la comparación que realiza entre la ciudad y la Naturaleza. En muchas ocasiones, nos hallamos con una naturaleza prostituida por el hombre, retorcida por la industria y convertida en grandes ciudades, en las que el ilustre Casona diría que "nadie conoce a nadie".

En esta adaptación muy correcta de su novela, con gusto amargo y correoso de un sitio rural que se desmorona lenta pero inexorablemente, Antonio Giménez-Rico nos presenta un drama con tintes humanos, sociológicos, éticos y políticos en los que nos presenta al candidato Víctor Velasco, junto a sus dos jóvenes compañeros, realizando un viaje por la campaña política de las elecciones nacionales a uno de los pueblos de la sierra burgalesa que en su pasado fue algo, pero que ahora está prácticamente abandonado.

Indudablemente, la maestría del director viene dada por su correcta utilización del "tempo" de la novela y por una plasticidad en los planos que retoca de un realismo desgarrador. La solución temporal se soluciona con el empleo del blanco y negro para el pasado, y el color para los recuerdos. Me resulta una solución muy conveniente para dar efectismo a la trama y para salvar el abrupto comienzo (la muerte del protagonista y su posterior entierro).


Me paro a recomendar su visionado para disfrutar de la dulzura de una jovencísima Lydia Bosch, que en mi opinión, es uno de los alicientes de la película. Obviamente, el papel del señor Cayo-, está no sólo magistralmente interpretado por Francisco Rabal, sino también forma parte de la trama y la estructura de una película circular, en la que todas las vivencias y sentimientos están enmarcadas en ese diminuto pueblo de la sierra burgalesa en el que prácticamente transcurre el argumento.

Cabe entender la película desde la motivación a los siguientes temas que se desarrollan en esta película:

  1. EL CAMPO VS CIUDAD. Existe un suficiente paralelismo entre los papeles del joven socialista y el señor Cayo, en el que uno utiliza su cultura de ciudad para arremeter contra los sabios consejos y vivencias del anciano del campo. Se trata de la eterna lucha entre lo rural y lo urbano
  2. LA AGONÍA DEL MEDIO RURAL. Debido a la Guerra Civil, a la posterior emigración y a la falta de oportunidades, se realiza una radiografía de nuestro medio rural en el que nuestros pueblos, base de la economía, se desangran lenta pero inexorablemente. El papel de Lydia Bosch acierta en su predicción al hablar de que si sólo quedaran dos habitantes sobre la tierra, uno de ciudad y otro de campo, el de ciudad debería buscar al del campo. En este caso, se nos presenta una situación, como menos, extraordinaria: un señor casado con un señora muda, y con un solo vecino con el que no se habla porque entre otras cosas, "le ha ahorcado la gata en el nogal"
  3. LA POLÍTICA COMO TELÓN DE FONDO. La política es utilizada aquí como telón de fondo, como hilo conductor, como elemento necesario de cohesión y como causa-efecto de la acción. Sin embargo, no considero que pueda ser una película muy política en el fondo. 
  4. EL DRAMA DEL PROTAGONISTA: EL GRAN OIDOR. Víctor Velasco, el candidato a diputado socialista por Burgos, tiene en la visita al señor Cayo una iluminación, un acercamiento a la verdad, como mito de la caverna platónico que desarrolla su visión en base a la conversación con el señor Cayo, en la que se da cuenta de la importancia que tiene el saber ancestral para el desarrollo de los pueblos y la dificultad de transmisión de estos saberes en la sociedad actual. Es el personaje más rico de toda la trama, el que tiene más matices, el más reflexivo, el buen oidor que diría Cleóbulo de Lindos.
  5. EL GRAN HABLADOR. El personaje del señor Cayo es el personaje central de la acción. Es el señor por el que no pasa el tiempo, al que no le preocupa la muerte del dictador Franco, el que conoce la sabiduría popular y por el que hablan todos los habitantes de un pueblo que ya desangrado da sus últimos coletazos. Es el personaje que envejece y está a punto de morir solo, con la única compañía de un perro del que oímos sus desgarradores ladridos al final de la cinta.
En conclusión, nos damos cuenta de la sabiduría popular contrastada con la sabiduría de ciudad, de hoy en día. Delibes fue un visionario en ese sentido, dado que este contraste se iría acentuando a lo largo de los años.

La política muestra un leit motiv para que descubramos lo verdaderamente importante; la sabiduría popular está por encima de cualquier ideología: ella modula sus tiempos, sus inquietudes, su visión del futuro y de la muerte, el amor, en definitiva, su vida. En conclusión, es una película altamente recomendable para aquel que quiera conocer un Delibes sin aditamentos, cercano, descarnado y completamente pesimista hacia el medio rural; en el que no sólo no hay esperanza, sino que hay necesidad de conocer.








UN MONSTRUO VIENE A VERME

La nueva película de J.A. Bayona explora el universo de la maternidad desde la base de la imaginación. Atrás queda el realismo descarnado de su anterior película "Lo Imposible" y su ocultismo de "El orfanato". Esta película cierra su trilogía sobre la maternidad que nos ofrece este premiado director de cine español.







Siete minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el arduo e incansable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, antiguo... Y quiere lo más peligroso de todo: la verdad.

Enfrentarte a "Un monstruo viene a verme" es chocarte con tus miedos más profundos. Es asomarse a un vacío desgarrador en el que todo lo que conoces o creiste conocer puede ser engullido por la nada más inconmensurable.

Pero también, enfrentarte a "Un monstruo viene a verme" es hallar la paz después de la tormenta, la ilusión después de una guerra sin cuartel y un consuelo ante una lágrima que tenemos ante esos mismos miedos.


Esa envoltura de fábula ayuda a la distensión propia del mundo cinematográfico y a envolver el tema descarnado al que nos enfrentamos: un niño tímido, con problemas de bullying en el colegio, tiene que enfrentarse al drama de ver cómo se apaga la vida del ser que más quiere: su madre. Pero si sabemos que esta película ha sido dramatizada desde un libro, entendemos que la fábula y los cuentos puedan ayudarnos a una mejor lectura de esta obra, uno de los éxitos editoriales de los últimos tiempos del escritor Patrick Ness.

La catarsis del propio protagonista, unida al destino inevitable, hacen de esta obra de J.A. Bayona uno de sus más acertados símbolos del tema de la maternidad. Entra en dicho tema desde la ternura y los ojos de un niño que se niega a enfrentarse contra lo inexorable, contra lo que no se puede luchar. De ahí, que la película transporte al espectador hacia una proyección de sus propios miedos y vivencias, como se realizaba en la tragedia griega. La película plasma en esencia el universo inquietante del libro y nos sumerge en una historia lacrimógena, pero también en una historia de superación, de crecimiento, de exploración, en definitiva, de vivencia.

El protagonista es nuestro propio ser, motivado a luchar con un arma imposible de vencer: la imaginación. Y J. A. Bayona sabe plasmar esa imaginación con unos soberbios efectos especiales y una más que lograda interpretación de todos los actores y actrices que conforman esta película.

Podemos enfrentarnos a ella desde la óptica de un adulto entroncando con nuestra niñez, o podemos enfrentarnos a ella desde la roca de nuestra razón que bloquea lo indeleble de los sentimientos y ese disparo al corazón que tiene la película y la temática.


En una escena de la película, en una de las mesitas del pasillo aparece el abuelo del niño, que está interpretado por Liam Neeson, y que no aparece en la película porque falleció, y casualmente, este actor es el que da la voz al árbol-monstruo de esta cinta. ¿Casualidad? ¿No será una forma de luchar que tiene en un primer momento la madre, y después su hijo, ante los avatares y golpes que nos tiene reservada la vida?

En conclusión, armarse de un buen puñado de pañuelos de papel y acercarnos a esta película sin compromisos y preconcepciones arrancarán de nosotros una reflexión profunda sobre nuestra vida y también sobre nuestra lucha interior. De sus historias podemos extraer una enseñanza y de la película una sabia reflexión sobre nosotros mismos.